
Cuando era pequeña había una canción, que aún con música alegre, a mi me producía un nudo en el estómago que no sabía identificar. Tendría seis o siete años y la chica que nos cuidaba, que era brasileña, la escuchaba a todas horas en el radiocassete. Años después supe que se titulaba “Ata una cinta..” y con unos veinte años cuando la volví a oír sentí la misma congoja pero mezclada con una cierta alegría o nostalgia de la niñez, no sé. Hoy en día sigo sintiendo lo mismo.
Sé que esto no es un blog personal así que ya enlazo con lo que nos ocupa.
Esta canción es un hermoso canto a la paz de alguien que vuelve después de mucho tiempo a su hogar, a su tierra, a ver de nuevo el rostro de su familia y, para saber si es aún aceptado tiene que pasar en autobus delante de un viejo roble, y allí su familia habrá atado una cinta amarilla en señal de que no lo han olvidado.
Cuando el autobus rebasa ese punto de la carretera, el hombre ve un árbol repleto de cintas amarillas y emocionado se da cuenta de que todo su pueblo, toda su comunidad, había atado una cinta en señal de espera, para luchar contra la desesperanza.
No hace falta, pues sois inteligentes, que explique la analogía con el pueblo saharaui.
Ojalá dentro de no mucho encuentren cerca del mar millones de cintas amarillas.
Hoy vuelvo a tí Vuelvo a mi hogar
Ya te escribí en mi carta
Que logré mi libertad
Tú ya sabes qué has de hacer
Si aún piensas en mí .Si piensas en mí
Pon alrededor del viejo roble aquel
Una cinta si tú pensaste en mí
Pues hoy hace tres años
Que me fuí de aquí
Yo debo mirar pues el autobús
Cerca pasará
El viejo roble donde deberás darme tu amor
Si al final no puedo hallar esa cinta amarilla en el lugar
Me sentiré de nuevo en prisión y lloraré
Con el autobús me iré Y te olvidaré Y te olvidaré
Pon alrededor del viejo roble aquel
Una cinta si tú pensaste en mí
Pues hoy hace tres años
Que me fuí de aquí
Yo debo mirar pues el autobúsc erca pasará
El viejo roble dondeDeberás darme tu amor
Y por fín el autobús llegó
Mas no sé que sentí cien cintas amarillas en el roble ví..
Un abrazo. Luisa.