PRIMERA CRONICA DEL EQUIPO "H"

Piedras, jaimas, casas de adobe, depósitos de agua y cabras. Son los elementos que más se repiten en los campamentos de refugiados saharauis donde hemos pasado estos días. Esto hace que sólo puedas fijar tu atención en la gente que, para mí, es donde reside toda la riqueza de este lugar. El Bubisher aparece entre tanta monotonía para cumplir con su cometido: repartir felicidad. Creo que la felicidad en estos campamentos esta ligada a la esperanza que, en definitiva, es lo que mantiene a esta gente viviendo en un lugar así.

El trabajo en el Bubi ha resultado ser distinto al que me imaginaba, y esto es algo importante para los próximos voluntarios que se apunten. Todos llegamos al campamento cargados de energía. Yo hubiera querido estar todas las mañanas en clase de 10 a 2 y abrir el Bubi en los barrios de 4 a 7, y lo mismo le ocurría a mis compañeros, más aún sabiendo que solo estaríamos una semana.
Tuvimos que aprender que las cosas no funcionan de esa manera. Al llegar a un colegio, primero nos tienen que recibir. Luego nos indican a qué clases podemos entrar. Al ser 7 voluntarios, formamos 3 equipos y entrábamos uno en cada clase. Allí termina la cosa, ¡sólo una sesión!. Te quedabas con ganas de más, pero no podía ser. Resulta que a partir del mediodía hacía tantísimo calor, que hasta las 6 recomiendan no salir de casa. Muchas veces quebrantamos la ley para entrar en el Bubi y dedicarnos a limpiar y ordenar libros. A las 6:30 abríamos el camión y desplegábamos las alfombras para los niños del barrio y el tiempo pasaba volando hasta que anochecía.

En definitiva: una experiencia fugaz, pero muy enriquecedora para las dos partes. La relación con la familia que nos acogió y con los compañeros, pusieron la guinda a un viaje en el que recibí tanto o más de lo que ofrecí.
Os animo a todos, aún hay mucho que hacer.

Fernando Lope. Wilaya 27 de Febrero. Abril 2009.