EL SITIO DE MI RECREO

Uno de los días más emocionantes de mi vida fue el 12 de Mayo de 1990.

Llovía como hoy, el cielo era gris y la luz metálica, como hoy.

El concierto se suspendió porque el artista se negaba a tocar en un escenario mojado y mal aislado. Hubo protestas, silbidos, abucheos, pataletas varias, insultos y en tres cuartos de hora ya no quedaba nadie, seguía lloviendo.

Yo estaba triste, era muy joven y solo podía pensar en que no habría otra oportunidad para escucharle. Me equivocaba, claro. Hubo muchas y buenas a lo largo de los años.

Pero esa impotencia me hizo permanecer allí sentada, sin importarme la fina lluvia que calaba los huesos.

Y entonces lo vi, paso rozándome, levante la cabeza y lo vi. Sin pensar me levante y le seguí, le toque el hombro por detrás, era más bajito, frágil y delgado de lo que suponía.

Le hablé, no recuerdo que le dije, pero hacia el camerino iba y hasta allí me dejó acompañarle.

Se tomó un café y me invitó a una coca cola, hablamos de Compostela, del ambiente, de Platerías (le encantaba). Me arriesgué a pedirle un autógrafo, (nunca había hecho algo así ni lo he vuelto a hacer) para un amigo que ese día 12 de Mayo de 1990 cumplía 19 años, el mejor regalo pensé. Hoy ese amigo que lo sigue siendo cumple 38, hace exactamente 19 años de aquel día, y exactamente 19 años después ANTONIO VEGA nos ha dejado. Un doce de mayo, el día que le conocí.