Treinta y cinco bubisheros de todo el país, incluida Tirsa desde Canarias, asistimos ayer a la primera parte de la primera asamblea del Bubsiher. En el Patio Maravillas. En la calle del Acuerdo. Dos nombres llenos de simbolismo por lo que vivimos. Con un lunar: la única presencia saharaui fue la de Zahra Abdellatafih y Limam Boisha. Ninguna representación saharaui para un proyecto que en el próximo curso queremos que deje de ser un proyecto nasarani con ayuda saharaui para pasar a ser un programa saharaui con ayuda nasarani. Y ese fue el único lunar que salió en los análisis de todos, con una fuerte autocrítica al respecto.
Cinco horas largas de reunión, sin interrupción ni “cafetito”, sin tensiones y con ríos de emoción y análisis.
Emoción a raudales, porque la mayoría no conocía a la mayoría, y había mucho que compartir y contar mutuamente. Análisis porque la reunión, por fortuna, no se convirtió en un “puesyó”. Aunque estaba prevista como una sesión de experiencias y balance, debía de haber tanta ansia de análisis profundo y estrategia de futuro, que pronto nos encontramos debatiendo los principales aspectos, o más bien todos. Exhaustivos, lúcidos y positivos. Los que han estado, los que estarán y los que apoyan con aportaciones tan variadas como unánimes: financiación, organización, biblioteconomía, didáctica…
Y hoy domingo, a partir de las diez de la mañana, nos proponemos tomar decisiones. Con riesgo, con incertidumbres, pero con confianza plena en nosotros mismos. Un orden del día largo y denso, preludio de un curso que tiene que ser el decisivo en el proyecto Bubisher.
Y una perplejidad: que un grupo de procedencia tan diversa, que un proyecto tan lleno de aventura y riesgo, esté saliendo tan, tan bien: sin forzar nada, sin jerarquía y cada día con una estructura más sólida y solidaria.
Eso: Maravillas en la calle del Acuerdo.