El tamaño de una ciudad no se mide por los metros cuadrados de solares edificados que contiene, sino por la calidad humana de sus habitantes. Y en ese sentido, Zamora no es grande, es inmensa.
El viernes por la noche se presentó en el marco cálido e impresionante de la Biblioteca del Estado la campaña “Apadrina un libro”, que ya, en ese momento, contaba con más de 300 ejemplares adquiridos por gentes sencillas, anónimas, magníficas, para que la Biblioteca Pública del campamento de Smara se llene de contenido.
Mientras las fotos del Bubisher se deslizaban por la pantalla, y el proyecto iba tomando cuerpo a través de las palabras, unos ojos infantiles focalizaban un nido lleno de libros. Y en su mirada se concentró la de todos los niños de los campamentos: viva, soñadora, alegre. Tierna y fuerte al mismo tiempo. Era la mirada de un niño saharaui. Un niño que cada día pide ir a la biblioteca y que mira los libros con tanto deseo de saber qué esconden, que ya está aprendiendo a leer. Y que, con su presencia y su actitud, dio sentido a esa otra biblioteca en la que cientos de niños como él buscarán también entrar cada día en las páginas de un cuento.
Más de cincuenta personas allí presentes, representantes de todas las que sin estar estaban, siguieron, con ese cariño que se palpa cuando es sincero, el camino trazado hasta hoy por el pájaro que trae, que lleva, las buenas noticias.
Buenas noticias que estaba recogiendo, en aquel mismo momento: La suerte de contar con la ilusión de Lucía y de Olga (¡qué deciros que no se quede pequeño!); con el magnífico trabajo de diseño de la campaña realizado por Efectivamente Comunicación; con la emoción de Miguel, librero, amigo y voluntario que estuvo en Smara el curso pasado; con el apoyo incondicional de la Asociación de Libreros explicitada por su presidente; con la mano tendida de Concha, directora de la Biblioteca; con la sensibilidad de una madre que preside la asociación de Amigos del Pueblo Saharaui; con la sonrisa de Pilar de la Higuera; con la fantástica propuesta de María Rosario Rodríguez , concejala responsable del área de cooperación; con el deseo de ayudar de Jose, bibliobusero enorme en el más amplio sentido de la palabra… Y con la ayuda insólita de todas (todas) las librerías de Zamora. Al final tendrá razón alguien que decía, tras la irrupción de Librerías con Huella en el Bubisher, que este proyecto será financiado casi en su totalidad por libreros y niños, por todos los amantes de los libros, la justicia, la verdad y la belleza.
Pero, sobre todo, el Bubisher se lleva en este vuelo que comenzó el pasado viernes, el cariño, la generosidad y el apoyo de todos los que hacen de Zamora una gran ciudad. Una ciudad inmensa.