Sería imposible decir cuántos viajes, cuántos planos y maquetas, cuántos debates, cuántos viajes. Casi tantos como adobes, los que niños y adultos de toda España han ido poniendo, uno sobre otro, (qué recuerdos, la campaña de Librerías con Huella, o las de Zamora, Letras en el Sáhara, todos los mercadillos, los almuerzos solidarios, las camisetas…) para que el Nido del Bubisher ya se inaugure. Con puertas y ventanas, con cristales y burletes antisiroco, con estanterías y con mesas. Y, sobre todo, con libros. 2.500 “o más”, como dice Mahyuba en el video, en español, “arabía” y otras lenguas… Casi todos pasaron por las manos de un grupo de bibliotecarias que se han pasado el verano fichando y clasificando. ¿Cuándo empezamos? Hace casi dos años, y parecía una utopía. Hoy es ya una hermosa, preciosa realidad. Tanto que nos faltan palabras para expresar la emoción que sentimos todos, que queremos que sienta también cada mano que con mano han hecho posible lo imposible.
Pero somos incorregibles. Hoy mismo ha llegado al segundo campamento, el de Ausserd, el Bubisher II, el que llevaron en fechas aciagas y peligrosas nuestros amigos, los “conduztores” solidarios malagueños. Hoy ya lo conducía Alghailani, que va a hacer de él la casa de los sueños de los niños de la wilaya a partir de enero. Y no contentos con eso, Ana, Maite y Ricardo se fueron hace un par de días a la wilaya de Dajla a ver una biblioteca que en el futuro será también nido del Bubisher.
Nunca antes, nunca, había sido tan esperanzador el proyecto. Y nadie, ninguno de nosotros, pudo prever que volara tanto y tanto. Haberlo hecho sin la teta del estado (porque se nos negó, no por otra cosa), haberlo conseguido con la ayuda de la gente de los colegios, institutos y bibliotecas, así, adobe a adobe, es un orgullo. En esta semana en la que nos embarcamos en la incertidumbre, cuando todo el edificio europeo se tambalea, cuando peligra la misma esencia de la democracia por tan mancillada, dar a todos los que nos han ayudado esta alegría es reconfortante. Gracias, en nombre de cada niño saharaui que en este momento, mientras escribimos, escucha o lee un cuento en el Bubi, en el de todos los jóvenes que van a tener en el Nido un lugar para decir y para escuchar, para elegir un libro y llevarlo a la jaima, en el de todos los adultos que cada mañana podrán leer un periódico como lo hacían en aquellos nostálgicos años 70…
Memona, Kabara, Fanna, Daryalha (que ya no está, pero fue un pilar), Hamida, Larossi, Bachir, Alghailani, Omar, Abdalahi, Hassanna, Legrain. Chejdan, Ahmed, Enguía, Fati, Mariam, Mohamidi… Ahora están allí Ana, Maite y Ricardo. Pero dentro de cinco días se quedarán ellos al frente de todo. Iremos a ayudar cuando se nos necesite, claro, pero son ellos los que ahora tienen que llenar de calor el Nido y tirar del carro. Nuestro papel, cada vez más, está aquí, consiguiendo lo necesario para que el proyecto siga creciendo, hasta llegar a proporcionar a todos los niños, jóvenes y adultos, los instrumentos básicos de la cultura, el mayor de los derechos humanos, y muchas veces el más olvidado.
No sabemos muy bien si acudirán ministros o políticos saharauis, muy ocupados en su congreso, pero no nos importa, porque igual que aquí nació de la sociedad civil, también allí es la población civil la que va a disfrutar el Nido, y la que va a estar en la inauguración. Y ni mucho menos estarán todos los que poco irán descubriendo en los estantes sus libros favoritos, sus espacios, sus horas. Y estaréis vosotros, que nos leéis en la web o en facebook, ya lo sabemos. Haced un sitio en vuestros corazones la tarde del miércoles para sentir y compartir.